miércoles, 10 de agosto de 2011

Hoy ha muerto Vincent.

Le llamamos así por la oreja maltrecha con la que llegó, ya atrofiada de tantos ácaros o quién sabe qué. Él llegó, vió y se quedó, silencioso y tranquilo, sin meterse con nadie. Un día apareció en el garaje, oliendo la comida; y al poco ya dormía en el respaldo del sofá. Se acostumbró a dormir sobre mi espalda, se acostumbró a que le tocaran, a recibir caricias, que toleraba pero nunca pedía. Jamás se peleó con otro gato, siempre se apartaba y esperaba a que acabaran de comer los demás. Era tan bueno que ni lo castramos, jamás marcaba ni perseguía hembras, Había encontrado su lugar, y se quedó hasta morir. Y hoy ha muerto en mis brazos, dormido y tranquilo. Hasta siempre, Vincent. Hasta siempre, amor.

3 comentarios:

  1. Cuanto lo siento María, un abrazo muy fuerte. Patricia

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  2. María, acabo de ver la entrada! Lo siento, de verdad! Almu

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